Desde hace mucho tiempo atrás vivimos atormentadas
buscando la igualdad, equidad, el equilibrio; seguimos preocupadas por luchar
contra la opresión hacia nosotras las mujeres, pero alguna vez nos hemos
preguntado: ¿somos nosotras mismas las colaboradoras de la desigualdad de
género? Si hemos contribuido a que se nos margine o se nos sea vistas como objeto o como
siervas de una sociedad en donde
predomina la voluntad y la palabra de un hombre.
Hemos estado tan obsesionadas buscando la igualdad y los derechos femeninos que nos hemos convertido en conspiradoras
obsesas y resentidas olvidando que nosotras somos las formadoras de nuestro
propio destino.
Nos asusta tanto convertirnos en la mujer detrás del
hombre o sentarnos a la izquierda de la mesa, que hemos terminado por perder
nuestro centro, hemos vivido tan agobiadas que nos mantenemos pendientes de
todos los gestos que alguien demuestre, como la santa inquisición del
feminismo.
Si nos regalan un horno es porque nos están mandando a
cocinar, si no nos cuentan algo es porque no nos dan nuestro lugar o si nos lo
cuentan todo es porque nos ponen en el rol de madres. Necesitamos tanto
demostrar que somos iguales o mejores que los varones con tanto afán y desesperación que caemos en
nuestra propia trampa, olvidamos nuestra esencia y seguimos viviendo dentro de
una burbuja, dentro de nuestra burbuja.
Sin embargo cada
vez que nos detenemos a prestarle importancia
a quien abre la puerta del auto o quien paga la cuenta en un restaurant estamos
resaltando la diferencia, probando que si existe la desigualdad.
La igualdad que tanto buscamos no llegará para ninguna
mujer en el mundo si no empezamos ahora a portarnos como iguales, a
respetarnos y a olvidarnos de los
estereotipos y los tan absurdos mandatos. No tenemos que odiar la mascarilla de
pestañas para ser inteligentes, cocinar para empezar a ser útiles o usar Dolce
& y Gabbana para ser modernas.
AUTORA: Pinto Heredia Ross Mery Karen
amo a esta mujer
ResponderEliminar